Operación Goya

Posted by on marzo 18, 2011
Ante la inminente amenaza de aprobación de la Ley Biden-Sinde, cientos de personas nos concentramos frente al Palacio de Oriente el pasado domingo 13 de febrero de 2011.

 

Por fin había llegado el día. No era como otras veces, que vas a una concentración sabiendo que el éxito va a ser escaso, sabiendo que quienes te acompañan volverán a casa decepcionados por la falta de gente. Esta vez no fui a la concentración sólo por coherencia con mis convicciones y para conocer a más gente en mi situación. Esta vez habría algún resultado.
Dicen los periódicos que no nos lo esperábamos. Personalmente, no esperaba tanta gente. No esperaba que nada de lo que pasó fuera de la alfombra roja saliera en medios masivos. Ni que nuestra bien pagada TVE tuviera previstas medidas de censura que incluyeran la emisión diferida del acto.
La verdad es que fue muy inesperado todo. La cantidad de gente que fuimos (dicen que 200, yo no los conté pero creo que fueron más). El saludo de Imanol Arias. La pegatina que twiteó Santiago Segura. La brillantez del discurso de Álex de la Iglesia. Los cacheos de la policía a mis amigos. Ese “Viva Wikileaks” con el que Assumpta Serna nos arrancó un aplauso (aunque digan que sólo aplaudimos a Álex). La expresividad de Leire Pajín.Santiago Segura es un crack
Fue una buena concentración. Hay que reconocer que no fue todo tan bonito por nuestra parte como cabría esperar, aunque podría haber sido peor. Hubo censura, aunque no nos prohibieron estar allí. Tuvimos apoyo.
Hubo cosas que sí eran de esperar, como que nuestra ministra de incultura pasara corriendo y oculta tras una trinchera de paraguas. La forma de cachondearse del señor Bardem, que consiguió un plano que, sin sonido, podría hacer creer a algunos que el tipo estaba saludando a sus fans. Cada vez es más complicado distinguir a algunos actores de los políticos.
También hubo gente que se confundió de concentración. Siempre lo hacen. También es posible que no se equivocaran, sino que pretendan que todos los que ibamos a la #OpGoya estuviéramos de acuerdo con sus reivindicaciones. Sí. Me refiero, ni más ni menos que a los que siempre aparecen con carteles sobre el 11-S, el 11-M o no sé qué historias. Me parece muy bien que tengais iniciativas, pero también podríais respetar las demás iniciativas. La mayoría de los que estábamos allí, fuimos por un motivo muy concreto que tiene que ver con una ley muy concreta. No íbamos a protestar contra las nucleares, ni contra el hambre en el tercer mundo, ni contra el jefe de mi primo, que le tiene sin contrato.
Cada cosa tiene su momento y su lugar.

También tuvimos algún exaltado tirando huevos. Siempre los hay. No sé si quieren darnos mala imgen, o esa es su educación. Pero a la mayoría no nos gustó nada. Y, como se oye en los gritos de alguno de los vídeos que he subido, se lo hicimos saber.

Pero en general, hay que decirlo, salió todo muy bien. Me acompañó menos gente, pero allí me encontré con más. Cantamos, saltamos, gritamos, aplaudimos, sacamos fotos, vídeos, intentamos acceder a nuestras redes sociales (aunque la cobertura 3-G estuvo colapsada en algunos momentos)… lo pasamos bien, la verdad. Y luchamos por aquello en lo que creemos.
Parece que nuestros queridísimos y muy independientes poderes públicos no tomaron nota de esta actitud. Hoy, el poder legislativo, que es muy independiente del ejecutivo (aunque a algunos sorprenda que sean los mismos partidos los que cobran casi todos los sueldos de las dos cámaras) nos ha dado una lección de humildad al 99% de los ciudadanos. A ese 99% que no queríamos que se aprobara la Ley Sinde. Nuestros senadores han hecho, ni más ni menos que lo que les ha mandado el jefe de su partido, huyendo de ataduras, juramentos y buenos propósitos que, tal vez, tuvieron cuando llegaron a su actual puesto.
Y es que, es verdad. Nadie vota a un senador. De hecho, casi todas las personas a las que conozco, ni siquiera votan a favor de un partido. Votan contra un partido.

El de la coleta
Me llamó la atención “El de la coleta”. Parece que formaba parte de la organización, creo que en seguridad. Le gritamos de todo, se mosqueó, nos miró mal… pero al final hubo reconciliación, y acabó de buen humor. Me fui con la sensación de que era un buen tipo y, al final, también él se lo pasó bien con nuestra concentración.

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